jueves, 8 de diciembre de 2016

FOTOS DE ACTOS DEL AÑO GENEALÓGICO FERNÁNDEZ BETHENCOURT



 

AGRADECIMIENTO POR EL AÑO GENEALÓGICO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT

Con numerosos actos y escritos en homenaje a Francisco Fernández de Bethencourt (Lanzarote 1850-Madrid 1916), difundiendo y proyectando su figura, obra y su pasión, la genealogía.
Una efemérides que ha partido de personas y entidades culturales, sociales y genealógicas, a nivel nacional e internacional, así como ayuntamientos de Canarias.

Una conmemoración que ha sido posible por la suma del esfuerzo individual y colectivo, unidos para esta necesaria celebración. Esto ha hecho posible la celebración del Año Genealógico, sin ningún tipo de subvención de instituciones públicas.

El próximo jueves día 22, celebraremos la clausura del Año Fernández de Bethencourt, en la villa de Agaete (Gran Canaria). Aparte de celebrar varios actos en este municipio, fue en su puerto donde quedó configurado el Año Genealógico Francisco Fernández de Bethencourt, concretando la idea extraída del II Encuentro de Genealogía Gran Canaria.
¡Gracias a todos!




viernes, 2 de diciembre de 2016

PORTUGUESES REFLEJADOS EN LOS REGISTROS SACRAMENTALES DE TELDE (1503-1700)

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
JESÚS E. RODRÍGUEZ CALLEJA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015

Fue destacada la presencia portuguesa  en Canarias, sobre todo en los momentos inmediatos a la conquista de las islas y que se prolongó durante los siglos XV, XVI y XVII. Su presencia ha quedado patente en los diferentes aspectos de la vida cotidiana, que se observa en diversas manifestaciones como el arte, la ganadería, la agricultura, la
toponimia, la climatología, la pesca  y diferentes actividades domésticas, y que se recuerda a través de un lenguaje, que antes de afirmar que fue imposición, debemos reconocer que se trató de una asimilación y aceptación por parte de la nueva sociedad y población que se estaba formando y consolidando en las islas.
Palabras como millo, bubango, ñame, masapés, sorriba o bosta  nos ponen en relación con un pasado agrícola y ganadero; burgao y liña, con la pesca; sorimba y enchumbarse con la lluvia. Diferentes árboles se nominan con el prefijo ero, por aportación portuguesa, como: almendrero, naranjero, manzanero y  castañero, además de otras plantas como viñátigo, acebiño, faya, follao y til, pero también son frecuentes palabras del desempeño cotidiano, que atienden a sentimientos, estados de ánimo, actividades comunes y elementos domésticos, entre las que podemos recordar a: aguachento, alongar, amularse, atillo, cambado, entullir, escarrancharse, fañoso, fechadura, fechar, ferruge, ferrugiento, fogalera, fonil, gaveta, geito, machucar, magua, mojo, o zafarse.
La pervivencia del lenguaje, no tiene otra explicación que la aceptación de una comunicación cotidiana y frecuente, dada la cantidad de portugueses y por ser más amable, suave, e incluso más descriptivo que el castellano, que acabó imponiéndose apoyado en el modelo administrativo impuesto desde Castilla. Es preciso no olvidar que algunas poblaciones estaban atendidas espiritualmente por clérigos portugueses, e incluso alguno de los primeros  escribanos eran de esta nacionalidad, por lo que no extraña que documentos del  S. XVI estén redactados en portugués, como algunos protocolos y registros bautismales, y pese al paso del tiempo,  aún se puede observar en los primeros bautismos recogidos en la parroquia de Moya.

jueves, 1 de diciembre de 2016

TOPONIMIA Y GENEALOGÍA

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
HUMBERTO PÉREZ HIDALGO
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015

Entendiendo la toponimia como ciencia de naturaleza pluridisciplinaria, más allá de su contenido lingüístico, es en sí misma un instrumento útil para la geografía y geología, biología (antropología, zoología y botánica), historia, sociología y etnografía, y una interminable nómina de ciencias entre las que hemos de destacar la genealogía, que es
nuestro objetivo. Pero no es exclusivamente su naturaleza pluridisciplinar la que debe ocuparnos, sino también su naturaleza interdisciplinar, por las relaciones que en ambos sentidos se establecen.
Veamos primero de los paralelismos etimológicos atendiendo a las definiciones que nos aporta el DRAE. De la voz ‘toponimia’ recoge dos acepciones:
1. f. Conjunto de los nombres propios de lugar de un país o de una región.
2. f. Lingüística. Rama de la onomástica que estudia el origen de los nombres propios de lugar, así como el significado de sus étimos.
No ofreciendo dudas interpretativas la primera acepción, profundicemos algo más en la segunda, pues el sentido lingüístico la sitúa como rama de la ‘onomástica’, de la que el mismo diccionario define el sustantivo con dos acepciones:
2. f. Ciencia que trata de la catalogación y estudio de los nombres propios.
3. f. Conjunto de nombres propios de un lugar o de un país.
También la antes mencionada voz ‘étimo’ la recoge como: 1. m. Raíz o vocablo de que procede otro.
En esa naturaleza interdisciplinar que existe entre Toponimia y Genealogía, título de nuestra ponencia, veamos lo que el DRAE recoge para la segunda, tomando por su relación las siguientes acepciones:
1. f. Serie de progenitores y ascendientes de una persona.
2. f. Escrito que contiene la genealogía de una persona.
5. f. Disciplina que estudia la genealogía de las personas.
6. f. Origen y precedentes de algo.
Queda claro que alude a personas, de su origen y precedentes, de sus progenitores y ascendentes, y es en ese contexto en el que hemos de estudiar la toponimia de Gran Canaria, isla estudiada y en particular a la que nos referiremos en todo momento.
De forma más amplia, recurrimos a la mayor definición dada por uno de los grandes filólogos españoles, quien al estudiar la toponimia de Cataluña nos dice en su lengua vernácula, cita que traduce el profesor Joan Tort (Departament de Geografia Física. Universitat de Barcelona) como:
“El estudio de los nombres de lugar es una de las cosas que más ha desvelado la curiosidad de los eruditos e incluso la del pueblo en general. Es natural que sea así. Estos nombres se aplican a la heredad de la que somos propietarios, o a la montaña que limita nuestro horizonte, o al río de donde extraemos el agua para el riego, o al pueblo o la ciudad que nos ha visto nacer y que amamos por encima de cualquier otra, o a la comarca, el país o el estado donde está enmarcada nuestra vida colectiva.
¿Puede pensarse que el hombre, que desde que tiene uso de razón se pregunta el porqué de todas las cosas que ve y que siente, no se preguntaría sobre el porqué de estos nombres que todo el mundo tiene continuamente en los labios?” (COROMINES, 1965, I, p. 7).

martes, 29 de noviembre de 2016

EL AUTO DE FE DE 1526: ANCESTROS JUDÍOS QUEMADOS EN LA HOGUERA

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
JUAN R. GARCÍA TORRES
FANEQUE HERNÁNDEZ BAUTISTA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015
INTRODUCCIÓN
LAS VÍCTIMAS DEL SANTO OFICIO Francisco Fajardo Spínola UNED 2003
“La gran ofensiva inquisitorial contra los judeoconversos la desencadenó el inquisidor Martín Jiménez y la continuó Luis de Padilla. El episodio más espectacular  fue el del procesamiento de Alvar González, portugués establecido en La Palma y su familia. González tenía una situación desahogada pues además de su taller de zapatería se había hecho propietario de una finca en Las Breñas, ganado y esclavos. En su casa recibía a un grupo de conversos los viernes y tenían sus pláticas en hebreo. Alvar González parece haber sido persona versada en las Escrituras y profundamente convencido de la bondad y superioridad de la ley mosaica sobre la cristiana. Después de vivir 20 años en La Palma practicando en secreto su religión fue detenido y llevado a Las Palmas por orden del nuevo inquisidor. En verdad se habían recibido delaciones contra él  desde su llegada al archipiélago pero sin consecuencias inmediatas. Después de Alvar fueron prendidos su mujer, Mencía Báez y sus hijos Silvestre, Duarte y Ana. El inquisidor recogió nuevas informaciones, hizo traer de La Palma a los tres esclavos de la familia para interrogarlos y dio tormento a Silvestre. El dolor y el miedo llevaron a varios miembros de la familia a confesar y delatarse  recíprocamente; los esclavos contaron todo lo que  durante años habían observado más o menos en silencio; los vecinos aprovecharon para saldar viejos enfrentamientos. El resultado fue dejar absolutamente al descubierto esta célula “criptojudía” de la isla de La Palma.
El inquisidor Jiménez añadió a su lista a un amigo de la familia González, el cirujano maese Diego de Valera; al también cirujano Alonso de la Garza, andaluz; a su hermana Constanza; al verdugo de Las Palmas, el castellano Pedro González, judío de los expulsos en 1492 que retornó y se bautizó; y a un labrador portugués que vivía en Tenerife, Alonso Yanes. Todos fueron condenados a muerte excepto Ana y Duarte González, casados con cristianos viejos y que no vivían en la casa paterna quienes serían reconciliados. Con esas gavillas se alimentó el fuego de las primeras hogueras que se encendieron en Canarias. En febrero y marzo de 1526 fueron organizados los primeros autos generales de fe de este Tribunal al concluir los cuales los condenados fueron entregados al brazo secular para que los ejecutase”.
Una sola corrección hacemos al texto escogido de Fajardo: Constanza de la Garza aunque fue condenada a morir en la hoguera no llegó a ser relajada (entregada al gobernador para su ajusticiamiento). Sirva de respaldo la siguiente cita de la edición promovida por el Marqués de  Bute: “Proceso contra Alonso de la Garza y Constanza de la Garza con una nota en la primera página (folio 81) que dice: Constanza de la Garza murió en prisión en su casa año de 1533”. Así pues fueron siete y no ocho los quemados en 1526 y diez y no once el total de quemados en persona de la inquisición canaria.

viernes, 25 de noviembre de 2016

PINCELADAS DE UNA INVESTIGACIÓN HISTÓRICO-GENEALÓGICA ENTRE CANARIAS Y LA VILLA DE ROTA

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
LOLA GARCÍA CABRERA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015 
 
LOS PRIMEROS PASOS
Corría el año 1981 cuando visité por vez primera vez la villa de Rota, localidad perteneciente a la provincia de Cádiz y muy conocida por encontrase ubicada en su término, desde mediados del pasado siglo XX, una base naval hispano-estadounidense.
En un entramado de calles y muy próxima al Castillo de Luna se encontraba la Iglesia Mayor Parroquial de Nuestra Señora de la O, cuya construcción fue costeada en el Siglo XVI por Don Rodrigo Ponce de León, por aquél entonces Duque de Arcos.
Era obligado como suele ser mi costumbre entrar y visitarla. Tras un pequeño recorrido por su interior observé que el templo destacaba por la conjunción de los estilos Gótico, Barroco, Plateresco y Renacentista.
La iglesia en sus orígenes había consistido en una sola nave, pero a lo largo del tiempo se habían ido uniendo, aunque sin ningún tipo de orden, varias capillas y diversas dependencias, según las necesidades de cada momento. Cuando entré en la que correspondía a la de la Virgen del Carmen observé que en su interior, adosada al muro izquierdo según se entraba, había otras dos capillas pero de dimensiones más reducidas; la más próxima a la puerta, destinada a San Isidro; la otra, cercana al altar mayor, dedicada al Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de la Soledad. Fue grande mi sorpresa al encontrarme a la entrada de esta última una reja de madera y arco de medio punto que la cerraba, figurando en éste la siguiente inscripción: “ESTA CAPILLA ADORNO IDORADO SEISO ADEVOSION DE DOÑA MARÍA DE GRASIA IPENA NATURAL DE CANARIA – CANARIA AÑO DE 1770”.
Tras echar una ojeada a mi alrededor me percaté que en el suelo, oculta bajo los bancos de la capilla principal, había colocada una losa de mármol con alguna inscripción y que justo antes de entrar a la del Santo Entierro y Virgen de la Soledad se encontraba otra lápida del mismo material, indicadora de un enterramiento, cuya inscripción apenas se
distinguía; por lo que en esos momentos me despertó poco interés.
Aunque vivo en la península, tal vez por ser canaria de nacimiento aquello quedó grabado en mi memoria y en más de una ocasión me pregunté quién sería aquella señora, doña María de Grasia Ipena.
Pasaron los años y no fue hasta principios de este siglo cuando empecé a interesarme y dar mis primeros pasos en el mundo de la genealogía. Comencé por saber algo sobre mi ascendencia y poco a poco fui adquiriendo algunos conocimientos.
La visita a la expresada villa aún perduraba en mi memoria y el pasado año me dispuse a volver, con el objetivo de retomar el asunto y repasar todo lo hasta aquí narrado para ver lo que podía indagar sobre aquella paisana mía.
Entré en la iglesia, y ya más detenidamente observé nuevamente la capilla, la inscripción
en la reja y también en las dos losas. En la que se hallaba oculta bajo los bancos aún podía leerse, “ESTA LOSA DIO DE LIMOSNA D. MANUEL DE LETRÁN, SIENDO MAYORDOMO D. ALONSO PÉREZ LOBATO, PRESBÍTERO. DICIEMBRE AÑO 1764”. En cuanto a la otra, nada nuevo me aportó a lo que ya sabía, pues lo único que podía distinguirse eran algunas sílabas y palabras sueltas e inconexas en su lado derecho -SE- -GonZAleS-  - MO- -CRISTO DE -  -AÑO- -E. AMÉN-. Todo parecía indicar que las inscripciones de ambas losas nada
tenían en común.
Partiendo de la información obtenida me personé en el Archivo Histórico Parroquial, donde encontré el asiento de una partida de velaciones cuyo ritual había tenido lugar en la expresada iglesia de Rota el 5 de marzo de 1753[1]; por ella pude saber que don Manuel era natural de Cádiz e hijo de don Sebastián de Letrán y doña Isabel Juanes, y que doña María de Gracia era natural de las “Hislas Canarias” e hija de don Juan Cabrera y doña Beatriz García.
Tan interesante documento relacionaba la losa existente bajo los bancos con el esposo de María de Gracia (Manuel de Letrán), sin embargo, aún no sabíamos nada de la palabra IPENA de la reja, ni tampoco de la otra losa sepulcral.  
Sin dejar Rota, como era obvio, con estos datos se nos abrían dos nuevas vías de investigación; una en Canarias y la otra en Cádiz.

jueves, 24 de noviembre de 2016

IDENTIDADES CANARIAS QUE CRUZAN FRONTERAS

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
Dr. RAÚL SÁNCHEZ MOLINA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015

La lectura de los distintos artículos que se han ido publicando en Genealogías Canarias, resultado de investigaciones en archivos históricos, resultan de interés antropológico,
Foto: Casa-Museo de Colón. Las Palmas de G.C.
entre otros aspectos, porque apuntan a procesos históricos y socio culturales más amplios en los que, apellidos y sus orígenes, matrimonios, familias o filiaciones, se van produciendo y reproduciendo en “viajes de ida y vuelta” desde fuera hacia adentro y desde dentro hacia fuera de las Islas Canarias. Desde este punto de vista, sus informaciones adquieren interés etnohistórico donde observar
la importancia de las filiaciones y reproducción de las familias canarias vinculadas a procesos socioeconómicos inter-atlánticos que se inician desde finales del siglo XV (Wolf 1986).
De ahí que, además de la reproducción de la familia y el parentesco, estas informaciones posibiliten, desde una contextualización histórica, seguir procesos de etnicidad, identidad, clase, género o generación articulándolos en los contextos más globales en los que se generaron como resultado de la conquista de las islas, el colonialismo español o la expansión del capitalismo europeo (Hernández García 1987; Balboa Navarro 2006; Carnero y Nuez 2006). Y en el caso específico de los desplazamientos de población, recuperar “historias escondidas” protagonizadas por miembros concretos de estas familias canarias para observar y analizar lo que el antropólogo norteamericano Eric Wolf (1986) denominó Europa y la gente sin historia. Es decir, recuperar y contextualizar “historias escondidas”, hasta ahora no contadas, para ofrecer, a partir de ellas, otras narraciones que, articuladas en estos contextos socioculturales nos permitan comprender y conocer condiciones macro y micro estructurales bajo las cuales estas familias tuvieron que migrar y sus consecuencias socioculturales (Schneider y Rapp 1995). Con el objeto de entresacar de ellas, desde análisis basados en clase, género, generación o identidad étnica, otros aspectos no contados en historias construidas desde distintos posicionamientos ideológicos de poder.
A partir de algunos de los artículos y de informaciones familiares que se ofrecen en Genealogías Canarias, éste es el propósito de esta presentación: extraer y analizar desde una contextualización histórica las trayectorias migratorias fuera de las islas de algunas de estas familias para así reconstruir nuevas narrativas sobre identidades canarias que han cruzado fronteras geográficas, sociales y culturales. Con esta finalidad se han seleccionado las historias migratorias de tres familias de estas genealogías: la migración de la familia Hidalgo Zambrana a Luisiana a finales del siglo XVIII, cuando este estado estadounidense era colonia española, escrita por Cristina López-Trejo Díaz (2012); la de la familia Marrero Alfonso al reciente estado poscolonial centroamericano de Costa Rica, en la segunda mitad del siglo XIX, escrita por Juanita Elsa Morúa Miranda(2015); y la de la familia Castellano a Cuba, desde mediados del siglo XIX, cuando todavía era colonia española, hasta la tercera década el siglo XX escrita por María Castellanos Collins (2014).